16 de 05 de 2017

Haciendo espacio para el bebé

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¿¡Cómo es que una guagua que llega a pesar unos tres kilos cabe dentro de ti!?

La guatita no es lo único que cambia de tamaño en el embarazo para cuidar al bebé que está formándose dentro de ti. Todo tu organismo se transforma: los órganos que rodean al útero tienen que modificar su posición y su forma de funcionar para dejar espacio al vientre creciente y, al mismo tiempo, atender las necesidades de tu organismo y el de tu hijo. Pero tranquila, la naturaleza es sabia y el proceso de reubicación, aunque lento, te devuelve al origen. Hagamos un recorrido por tu cuerpo, órgano a órgano implicado en este proceso.

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La vejiga

A medida que el útero aumenta de tamaño y grosor, empuja a la vejiga urinaria. Por eso no es raro que en los primeros meses tengas ganas de hacer pipí con mucha frecuencia y sientas un peso en la parte baja del vientre. La sensación desaparece en el segundo trimestre a medida que el útero crece y sale de la pelvis, con lo que sube y deja de comprimir la vejiga. Llegando el séptimo mes, cuando la guatita ya es prominente, sobre todo al final del embarazo, cuando el útero baja, la vejiga se queda sin espacio nuevamente; entonces volverás a ir al baño con más frecuencia y te costará retener la orina.

Los órganos de la digestión. 

1. El estómago. Cuando el útero está ya bastante alto, hacia el tercer trimestre de la gestación, el estómago no cabe bien y cambia de posición colocándose más horizontal. El orificio de entrada que lo separa del esófago (cardias) cierra y puede producirse reflujo, la famosa acidez, como una quemazón que sube hasta la garganta.

Tip: Procura no acostarte justo después de la comida; mastica despacio y no comas cantidades demasiado grandes de golpe.

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2. El intestino. Se va recolocando poco a poco en el espacio que le va dejando el útero; al final del embarazo tiene poco sitio, por lo que funciona con más dificultad. De cualquier modo, cada organismo es diferente: muchas embarazadas sufren estreñimiento, mientras que algunas tienen su ritmo intestinal más regulado que nunca. El ritmo lento del intestino aumenta la producción de gases y, como el útero está presionando la zona, suele ser más difícil eliminarlos.

Tip: Haz una caminata después de cada comida.

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3. El recto y el ano. No cambian de lugar, aunque al final están más comprimidos y tienen mayor congestión en sus venas. Por eso, las mujeres que ya tenían hemorroides o tendencia a las várices pueden notar síntomas molestos, como sangrado al defecar, dolor o sensación de pesadez.

Tip: Sigue una dieta rica en fibra para restablecer el ritmo intestinal, hazte lavados con agua fresca en la zona (no te pongas hielo porque puedes quemarte la piel) y recurre a una crema antiinflamatoria que te recete un médico.

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4. El hígado y la vesícula. También se encuentran algo comprimidos y trabajan más despacio. Algunos alimentos se digieren peor, ya que la vesícula no puede secretar tantos jugos digestivos.

Tip: Identifica los alimentos que te caen pesados y evítalos lo más que puedas, o cómelos en cantidad menor de la habitual.

 

 

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