11 de 05 de 2017

En el agua

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Es un ambiente amable tanto para la madre como para el bebé; los provee de calma, ya que relaja su cuerpo y mente. Pero, ¿qué ventajas e inconvenientes puede tener? Los especialistas nos responden.

Esta alternativa al parto tradicional ha ido aumentando su cuota de popularidad en muchos países, en especial por la posibilidad que le entrega a la guagua de una llegada menos abrupta. Aunque no se tiene un porcentaje certero de partos en agua realizados actualmente en Chile, sabemos que en varios centros de maternidad han empezado a ofrecer el servicio por tratarse de una de las opciones más naturales para recibir al bebé.

La cultura de la humanización del parto consiste en brindar a las mujeres una experiencia menos traumática (tanto en lo emocional como en lo corporal) del nacimiento de sus hijos, natural y sin una exagerada intervención quirúrgica. El parto en agua justamente ofrece la posibilidad de proveer a la guagua una transición menos impactante al mundo y a la mamá le facilita el trabajo porque está en un entorno confortable y se le respetan sus necesidades.

Sin embargo, aunque son varios los beneficios de esta alternativa de parto, existen algunas dudas al respecto, ya que no todas las madres ni todos los bebés están en capacidad de vivirlo. Por eso acudimos a varios especialistas para que nos ayudaran a discernir las ventajas y los inconvenientes del parto en agua. Revisa la información para que sepas si es una posibilidad para ti. Igualmente, siempre debes consultarlo con tu ginecólogo.

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Dilatación: Sí
Expulsivo: en duda

Todos los informes y expertos consultados coinciden en las ventajas que puede tener hacer la dilatación en una tina (aliviar el dolor, acortar la duración del parto y reducir el uso de epidural). Pero no pasa igual con el expulsivo porque no existen suficientes estudios sobre el tema. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos lo desaconseja en un artículo publicado a finales de 2016 en la revista especializada Obstetrics & Ginecology. La guía NICE, elaborada por el Instituto Británico de la Salud, también lo cuestiona.

Ahora leamos las explicaciones de los expertos a quienes consultamos acerca del tema.:

-Juan Luis Delgado Marín, ginecólogo y obstetra. “Se recomienda no finalizar el parto en el agua porque no se ha visto que haya beneficios y sí un mayor número de niños con peor Apgar (test que se hace tan pronto nace para ver la vitalidad del recién nacido). No hay evidencias de que sea algo bueno, por ello en el expulsivo se debe limitar su uso para estudios científicos”, explica el especialista.

-Martín Iriondo Sanz, jefe de servicio de Neonatología y profesor asociado: “Si el parto progresa rápidamente y empieza el expulsivo estando la madre en la tina, se vacía el agua en un minuto y se acaba el parto allí mismo”. Este pediatra también piensa que, hoy por hoy, no se puede recomendar el expulsivo como una práctica segura para el recién nacido, por falta de ensayos clínicos: “Estamos abiertos a que si hay más evidencias en el futuro, se incluya el expulsivo bajo agua”.

-Irene Fernández, ginecóloga: esta especialista piensa que el expulsivo en el medio acuático puede tener ventajas para la madre y el bebé. “Por un lado, el agua caliente ayuda a la distensión del periné; no hace falta hacer episiotomía y los desgarros son muy pequeños. Para el bebé, el agua es la mejor transición al nacer, porque ha estado ya nueve meses completos sumergido en un medio líquido y sale a un medio igualmente líquido”.

-Elena Rivilla Lozano, matrona: añade que la tina en el parto “alivia el dolor, facilita el movimiento, relaja a la madre, reduce el número de intervenciones (episiotomías, partos instrumentales, uso de oxitocina) e incrementa la sensación de control sobre el proceso de parto, con la consiguiente satisfacción y bienestar emocional para los futuros padres, lo que al final beneficia también al recién nacido”.

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Debes saber que…

1. Si surgen complicaciones se pedirá la salida de la mujer de la tina.
2. La inmersión en agua no es compatible con la analgesia epidural ni con la recogida de sangre del cordón umbilical.

Requisitos para dar a luz en el agua

1. Tener un embarazo y parto de bajo riesgo hasta el momento de la inmersión.
2. Ser una mujer sana sin antecedentes de enfermedades ni cesáreas previas (por el riesgo de rotura uterina).
3. Que el parto sea a término (no prematuro) y de un solo bebé colocado en posición cefálica. Que el parto esté ya establecido, con contracciones regulares y una dilatación de al me- nos 4/6 centímetros.

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Testimonio de Ana María Guerrero

“Soy profesora de natación y para mí el agua es el medio ideal”

La gente me decía que era una locura, que no iba a aguantar sin epidural. Pero claro que aguanté. Tuve un parto corto (de cinco horas) para ser primeriza y, aunque fue doloroso, resultó una experiencia fantástica. Llegué a la clínica a las seis de la tarde con unos dolores bastante fuertes y entramos directamente a la sala con tina.

Como solo había dilatado dos centímetros, estuve fuera de la tina hasta que las contracciones se hicieron más fuertes, porque me dijeron que si entras demasiado rápido, pueden pararse. Antes probé otras opciones que tiene la clínica para ayudarte a encontrar la postura más agradable posible: pelota gigante, fulares colgados…

Aunque yo descubrí que me encontraba más a gusto de pie, flexionando un poco las piernas cuando venía una contracción. Una vez que entré en el agua sentí un gran alivio, sobre todo en la parte lumbar. Me quedé con mi marido en un ambiente muy relajado: pusieron la música que había llevado para escuchar durante la dilatación y nos bajaron las luces. Así podía centrarme en respirar y escuchar lo que me pedía mi cuerpo. De vez en cuando metían en el agua un aparato que medía sobre mi guatita los latidos del corazón de la pequeña para ver que todo estuviera bien.

Pasadas unas horas, la ginecóloga me anunció que comenzaba el expulsivo y decidí seguir en la tina. Yo, que estaba en contra de la epidural, me reafirmé en ello porque pude sentir cada contracción y notar cómo la niña quería salir y verla hacerlo, ya que me pusieron un espejo delante. Para mí, todo fueron ventajas: pude dar a luz sin epidural y, además, no me tuvieron que realizar episiotomía. Es una experiencia que espero poder repetir si vuelvo a ser mamá.

 

 

 

 

 

 

 

 

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