05 de 05 de 2017

¡Antes de tiempo!

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Una lectora nos cuenta cómo vivió el nacimiento adelantado de su bebé: el proceso, sus miedos y consecuencias. Y para responder todas tus preguntas nuestra especialista nos explica, paso a paso, lo que sucede.

Cuando Esther acudió a control 10 días antes de la fecha calculada para el nacimiento de su bebé, todo parecía ir bien. Sin embargo, su ginecóloga no pensó igual: “Me dijo que me fuera al hospital para que, con los monitores, los especialistas valoraran cuándo iban a provocarme el parto: si ese mismo día o la mañana siguiente. Quedé en shock, y aunque ella intentaba explicarme que había muy poco líquido en la bolsa y que era muy peligroso para mi hijo, yo no era capaz de entender lo que me estaba diciendo. Todo estaba bien y, de repente, ¿tenían que provocarme el parto? Lo peor es que había ido sin mi pareja. Así que ahí estaba yo, paralizada sin saber qué hacer: si llamarlo, si ir a casa por la maleta, si salir directamente para la clínica…”. Y así comienza la historia de Esther.

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Más beneficios que riesgos. 

Los especialistas optan por provocar el parto cuando los riesgos de esperar más tiempo pondrían en peligro el bienestar de la mamá y su bebé. Por ejemplo, en los siguientes casos. 

• Pérdida de líquido amniótico, uno de los motivos más habituales para provocar el parto en los embarazos de bajo riesgo.
• Gestación prolongada (a partir de la semana 41-42).
• Indicaciones maternas como hipertensión, colestasis del embarazo, empeoramiento de enfermedades crónicas previas o fetales, patologías o pérdida del bienestar fetal.
• Prematuridad, aunque siempre se busca demorar la inducción del parto hasta las 37 semanas de edad gestacional, en las que el feto ya se considera a término 

Debes saber que…

La inducción supone un riesgo añadido para mujeres con una cesárea previa o gestación gemelar porque aumenta el riesgo de (la poco frecuente) rotura uterina, causa de muerte en bebé y mamá.

Un empujón al útero

Esther salió apesadumbrada de la consulta porque no iba a tener el parto soñado, ya que su hijo nacería antes de tiempo. “Aún no conocía los grandes avances médicos y la excelente preparación de los profesionales”, reflexiona.

Su pareja fue a recogerla a la consulta y se fueron directo al hospital. “En el tiempo que tardé en llegar y hasta que me atendieron (debo decir que todo fue muy rápido), solo pensaba en qué iba a pasar; me tocaba la pancita, una y otra vez, a modo de despedida de mi embarazo”, cuenta. 

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Estuve media hora en monitores, donde comprobaron que todo iba bien, de ahí fui a la consulta de ginecología. El médico me comentó que el cuello de mi útero se había acortado muy poco, me preguntó si había tenido contracciones y le contesté que solo algunas molestias, como las de la menstruación. Me pusieron un tampón de prostaglandina para que mi útero se pusiera más blandito. Me advirtieron que esto podía provocarme contracciones y que hasta el día siguiente me pondrían el goteo de oxitocina para inducir el parto; aunque finalmente, no fue necesario esperar tanto”. 

La explicación médica: 

El borramiento o acortamiento del cuello del útero es uno de los parámetros que se tiene en cuenta para reconocer si se ha iniciado el trabajo de parto; su condición determina si es necesario madurarlo antes. 

“Es necesario hacerlo si no está fino y delgado (borrado), blando, centrado en la vagina, sobre todo si no hay dilatación (que se mide de 1 a 10 centímetros)”, nos explica la doctora Barbero. De ser así, el especialista puede optar por administrar prostaglandinas sintéticas en forma oral o vaginal (directa- mente en el cuello del útero por medio de un gel o de una especie de tampón, como en el caso de Esther). La maduración puede tardar hasta 24 horas y, a veces, es necesario usar también dispositivos intracervicales (una especie de balones), que ejercen presión en el cuello para dilatarlo y borrarlo. 

En busca de las contracciones. 

Esther ingresó a las tres de la tarde y tres horas después ya sentía unos fuertes dolores, así que la llevaron de nuevo a los monitores, donde el médico le confirmó que ya había dilatado tres centímetros, con contracciones muy seguidas. “A las siete me trasladaron al qui- rófano y allí me rompieron la bolsa. Las contracciones aumentaron tanto en intensidad, que supliqué algo para el dolor. Por desgracia, no podían darme nada porque mi bebé, Mario, estaba un poquito acelerado y un analgésico podría provocar que naciera aletargado. Además, me dijeron que si no podía expulsarlo por mí misma, me harían cesárea. No quería pensar en nada, solo quería que hicieran lo que fuera para que él naciera bien y no sufriera”, recuerda. 

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Ante la sorpresa de los médicos, la dilatación de Esther avanzó tanto que una hora después, ella y su pareja podían abrazar a Mario. “Nació por vía vaginal, no tuve puntos ni episiotomía, solo pequeños desgarres externos”, cuenta. 

A explicación médica:

Un parto provocado no siempre avanza igual de rápido, a veces es necesaria una ayuda extra. “Si no hay contracciones y el bebé debe nacer, administramos oxitocina (una hormona sintética) disuelta en suero, por vía intravenosa. Mientras dura la inducción, la mujer está monitoreada para vigilar el bienestar del feto”, señala la ginecóloga.

Por otra parte, si las contracciones son escasas e irregulares, se aumenta su intensidad rompiendo las membranas de la bolsa de aguas. El ginecólogo introduce a través del cuello del útero un instrumento alargado que termina en un gancho llamado lanceta. Estas medidas se realizan cuando la madre ingresa al hospital para dar a luz, a partir de la semana 39.

Mientras que durante las últimas revisiones, si el ginecólogo lo considera necesario, puede sugerir la maniobra de Hamilton, que consiste en despegar las membranas amnióticas en la zona del cérvix mediante un tacto vaginal. Así se liberan prostaglandinas, lo que puede provocar el parto en horas o pocos días. 

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