27 de 11 de 2013

¿Cómo prevenir una preeclampsia?

Una de las enfermedades más riesgosas que se presenta como condición del embarazo es la preeclampsia. Se trata de una patología afecta alrededor de un 7% de las mujeres que darán a luz, aumentando esta cifra al doble en el caso de quienes esperan su primer hijo.

Frecuente en embarazadas a partir de las 20 semanas de gestación (fines del segundo trimestre), la preeclampsia “considera un cuadro de aumento de la presión arterial y niveles elevados de proteína en la orina. Esta enfermedad y sus complicaciones, son la principal causa de muerte en embarazadas”,  dice el Dr. Alfredo Fredericksen, gineco-obstetra de Clínica Vespucio.

Si bien sus causas se desconocen, el Dr. Fredericksen explica que existen factores de riesgo que aumentan las posibilidades de padecerla:

-Presentar patologías como: hipertensión arterial crónica, diabetes mellitus, artritis reumatoidea, insuficiencia renal, esclerodermia y lupus.

-Estar embarazada por primera vez.

-Haber padecido preeclampsia en embarazos anteriores.

Sus síntomas se desarrollan de manera silenciosa, usualmente cuando la patología ya está avanzada, siendo algunas de sus manifestaciones, hinchazón de cara, párpados, manos, pies o tobillos comprometiendo el área afectada; dolor de cabeza intenso; vómitos o náuseas considerables y dolor de abdomen intenso.

Junto con los antecedentes clínicos, controles periódicos como “la ecotomografía doppler en los screening ultrasonográficos de las semanas de gestación 12-14 y 21-24, pueden seleccionar una población con más riesgo de padecer esta enfermedad y motivar alguna intervención y mayor control para disminuir la morbimortalidad de la madre y el feto atribuible a la hipertensión gestacional en sus distintas formas”, señala.

Su tratamiento considera la hospitalización de la paciente apenas ha sido diagnosticada. Si existiese sospecha podría ser antes, comenta. “La paciente recibe un monitoreo constante de su presión arterial y se le administran medicamentos con la idea de mantener la mayor cantidad de tiempo posible al feto en su interior. En caso de presentarse alguna complicación, se vuelve necesario realizar la interrupción del embarazo de manera prematura”, detalla.

Esta patología desaparece tras el embarazo, no obstante “si se ha presentado de forma grave y temprana (antes de la vigésima semana de gestación) puede afectar al cerebro, corazón, riñones o pulmones de la madre, e influir negativamente en el crecimiento y oxigenación del feto, aumentando las posibilidades de un daño neurológico y de un parto precoz. Es por ello  que resulta fundamental que las mujeres sean estrictas en la realización de sus controles con el especialista”, destaca.

 

 

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